Machado

"Caminante, son tus huellas el camino y nada más; Caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace el camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Caminante no hay camino sino estelas en la mar". Machado.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

DE ELCHE AL ALTO DE TABAYÁ (403 m.) Y El CAU. RUTA DEL PIRINDOLO.

POR LA MARGEN IZQUIERDA DEL VINALOPÓ


FICHA TÉCNICA-
Día: 12/11/2014
Participantes: Julián y Lourdes.
Tiempo estimado: 4 horas y media.
Distancia: 23 km.
Dificultad: Media.
Como llegar:
Se baja hasta la ladera del río Vinalopó en Elche, zona habilitada para el deporte, y dirección norte.

Wikiloc: http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=8242178
ITINERARIO:
Ladera del Vinalopó - Puente de la Virgen - Puente de Canalejas - Pasarela - Puente de Altamira - Puente del Ferrocarril - Pequeña presa - Carretera - Virgen del corredor - Camí de les Voltes del Ferriol - Circuito de Delfina Filgueiras - Pepe - El Cau - Cima del Tabayá - El Cau - Racó de la Morera - Camí del Pantano - Acequia Mayor del Pantano - Chopos ilicitanos -Ladera del río. 

El pantano de Elche está formado por una presa de bóveda de unos 22 metros de altura y 75 de anchura, considerada la primera que se hizo en el mundo. Fue construida sobre el río Vinalopó en el siglo XVII y está enclavada entre las sierras de Elche y la loma de Castelar.
Originalmente se construyó para aprovechar las avenidas del río pero estas hacían que el pantano se llenara de sedimento lo que hacía que la capacidad de retención de agua se disminuyese. En el año 1995 la presa reventó lo que provocó una avalancha de lodo que dejó al descubierto la tremenda sedimentación del fondo (la capacidad del pantano quedó bastante mermada) Desde ese año el pantano no retuvo apenas agua hasta que en el año 2007 se iniciaron las obras de restauración. A partir de marzo de 2008, 13 años después, el pantano volvió a retener el agua sin embargo un impresentable abrió las compuertas y comenzó a vaciarse de nuevo. Tras reforzar las compuertas, a principios de 2009, el pantano comenzó a llenarse de nuevo ya de forma consolidada y hoy en día goza de un nivel bastante bueno de agua.


RUTA:
Hoy vamos por el margen izquierdo del río Vinalopó. 
Atravesamos todos los puentes, por la ladera del río dirección norte, hasta desembocar a un embalse formado por una pequeña presa. Aquí termina la habilitación de la zona para el paseo, surge una pequeña selva de juncos y arboles.  
Continuaremos por la senda que se abre a la derecha para abandonarla en unos minutos en ascenso hacia el puente del Bimilenario, que dejamos a la izquierda. Salimos a una acera y transitamos hacia la derecha hasta la rotonda. Aquí, giramos a la izquierda y cruzamos el paso de peatones. Avanzamos por la estrecha carretera. En el siguiente cruce, continuamos rectos.
Enseguida, aparece un cruce a la derecha, por el que debemos desviarnos. Para, a continuación, girar a la izquierda y progresar por la carretera entre tomateras, campos que han tenido pepinos y viñas.

En esta zona han plantado muchos viñedos y en nuestro camino vamos dejando a ambos márgenes campos de vides, en algún bancal guardados por perros.



Hay unas preciosas vistas a Elche, y a la sierra de Crevillente.
Sobrepasamos un pequeño altar dedicado a la Virgen del Corredor, pero no vemos ninguna imagen de santa, en su lugar hay un santo. 
Llegamos al cruce que nos indica que a la derecha es el Camí de la  Bona Vista y nosotros venimos del Camí de les Voltes del Ferriol. Proseguimos rectos.
Enseguida, el trayecto pasa al lado de  una gran piedra, a la derecha, donde está grabado "Circuito de Delfina Filgueiras". Una gran corredora.

Vamos superando pequeñas casas de labor, con alguna huerta, almendros, olivos... y, en un rincón a la derecha, hay unas flores y un letrero que dice: "Pepe". Con los colores blanco y verde, ¿un pequeño homenaje a un exfranjiverde? Y en una de las casas hay esta bandera del Elche CF y que celebra su ascenso a Primera División.

En esta casa, giramos a la izquieda, y abandonamos la pista asfaltada para ascender por un camino ancho de tierra que nos conduce en poco tiempo hasta la entrada del El Cau. Se gira a la derecha y por una estrecha senda nos introducimos en un pequeño Elche, en miniatura. Su Basílica, el Palmeral, el pantano, la torre de Vaillo, animales....
Impresionante trabajo de Mariano Ros Martínez y Cándido Escribano, que con la ayuda de algún amigo han esculpido sobre las paredes de una abandonada cantera una serie de relieves, tallando y pintando en la roca. 
Nos internamos un rato por sus calles viendo y disfrutando de sus obras de arte y en una pequeña torre de Ros tomamos unas escaleras que nos conducen hasta la parte más alta, el Mirador de las Mellizas.
En este punto, girando hacia la derecha vemos marcas blancas ininterrumpidas que nos encaminan por un estrecho sendero. A continuación, por medio de la roca, en un fuerte zigzag nos situamos en el alto encima de El Cau.
Imágenes preciosas de la Sierra de Fontcalent en primer plano y como telón de fondo la bahía y ciudad de Alicante.
La subida a la sierra es muy rápida. Primero, nos encontramos con una antecima con dos hitos grandes de piedra situada justo encima de El Cau, al fondo vemos dos altos más, la primera con dos antenas, y la del fondo, con una antena muy grande de TV. 

Encaminándonos hacia la derecha por una difusa senda llegamos a las antenas y viendo que la última antecima que se sitúa enfrente es más alta nos dirigimos a ella.


Desde el sendero entroncamos con una pista de tierra, algo embarrada por las lluvias del día anterior y la tomamos hacia la derecha para conectar con un carretil de brea que dibujando dos curvas nos sitúa en lo alto de Tabayá, en cuyo vértice geodésico nos hacemos unas fotos. Y desde él, las vistas que nos rodean son espectaculares: la sierras de Algaiat y de Salinas, El Carche, el Cid, el Maigmó, la Penya Migjorn, el Cabeço d'Or, el Puig Campana y hasta Sierra Helada distinguimos desde este mirador.


En la cara norte vemos un campo de golf,  es el de la Font del Llop. Apreciamos los carritos circulando por el césped y pequeñas manchas en medio de los campos verdes. Magnífico día para jugar al golf.


Disfrutamos del panorama intentando adivinar por donde bajar  hacia nuestro camino principal, que hemos abandonado al entrar a El Cau,  mientras tomamos una fruta. Reemprendemos la marcha bajando hacia la loma sur de está cima. Existe un camino ancho de tierra y viene un muchacho corriendo, pero nos ha parecido mal preguntarle por lo asfixiado que parecía y continuamos a la aventura. No es una sierra demasiado alta y pensamos que ya encontraremos una vía de descenso.
En el primer cruce nos giramos a la izquierda y en el siguiente también, pero nos parece que se aleja de nuestro objetivo porque  se dirige hacia atrás. Volvemos sobre nuestros pasos para tomar la bifurcación a la derecha.
Enseguida nos situamos en la terraza de la sierra, vemos un cortado que en este punto no podemos superar. Caminamos hacia el Oeste buscando un punto. Por encima de las casas parece que se abre un camino.

Entramos por un cauce con zonas herbosas y bajamos un primer resalte, pero nos espera un obstáculo insalvable, otra roca que nos impide bajar. 

Desde aquí tenemos vistas a la cola del pantano de Elche, y distinguimos los juncos y cañizos que la invaden, los campos de naranjos por donde pasamos la semana pasada, que no parecían tan extensos. Embellece el verdor de sus hojas la ladera de la montaña.

Desde esta terraza pétrea, con curiosas cavidades producidas por la erosión en las rocas, que semejan casitas para enanos, vamos volviendo sobre nuestros pasos buscando una bajada sencilla. Cuando llegamos la altura de sus paredes nos imponen, así que poco a poco volvemos sobre nuestros pasos, cresteando, hasta la primera antecima, a la altura de El Cau. No logramos encontrar otro camino para bajar y lo hacemos por donde hemos subido unos minutos antes.




Descendemos con ayuda de las marcas blancas, que nos señalan donde se encuentra el mejor paso. En un primer momento vamos rectos para en un brusco giro ir hacia la derecha y entre pasillos en la roca llegamos de nuevo a El Cau.

Nos detenemos un momento en el Mirador de las Mellizas, para contemplar el pequeño pueblo que ha esculpido el señor Mariano Ros, las calles, los bancos de piedra y el enorme avión azul, un poco más lejos.












Atravesando sus calles volvemos por el estrecho sendero hasta enlazar con el ramal principal,  que tomamos a la derecha. El camino del Racó de la Moreda.
Vamos observando las enormes paredes de rocas erosionadas, hay alguna cantera en ellas, pero no vemos ninguna marca de senda de subida.
También nos entretenemos en buscar parecidos a las formas sinuosas que toman las piedras por la erosión. A uno le parece ver a un perro, a otra, un elefante...  Vaya usted a saber. La imaginación es libre.
Enseguida llegamos a un par de casas en el Racó de la Morera. Son las que habíamos visto desde arriba. Sobre ellas se encuentra el cauce por donde hemos intentado descender. Hacia arriba parece más fácil, pero no lo sabemos y no hay pintura ni hitos para ascender por ella.
El camino llanea y avanzamos deprisa sobrepasando pequeñas casas a los lados de él.
Llegamos a un cruce, desechamos el de la derecha que creemos conducirá a la cola del pantano de Elche. Continuamos por la carretera con un giro a la izquierda.
Ahora se empina y da el sol. Con un pequeño esfuerzo llegamos a otro cruce. En este nos dirigimos a la derecha.

Pasamos al lado de una pequeña casa y vamos tomando altura para ver al fondo la presa del pantano de Elche.
Otra perspectiva más lejana del embalse que recorrimos la semana pasada por su margen derecho, hoy estamos en el izquierdo y un poco más alejados de él.
Desde este carretil llegamos a una explanada donde hay unas construcciones, y una senda que debemos tomar a la izquierda para tropezar con un arco de canalización de agua. 






En esa misma esquina trepamos facilmente por la roca para situarnos a la altura del acueducto y transitar por la senda del canal, de la Acequía Mayor del Pantano.
A nuestra derecha vemos el río y la acequía con mucha agua.



Parece un oasis en mitad del desierto. Un rincón bonito y entrañable en la que muchas generaciones de ilicitanos jugaron en su niñez. Debería estar un poco más cuidado.






Paseamos al lado de los chopos ilicitanos, ya estuvimos en una anterior ruta y ahora están un poco más decaídos, las hojas un poco más secas.. El otoño llama a la puerta.
Agua no les falta, la acequía pasa por sus pies, sus raíces están fresquitas.



Este pequeño paseo gira a la izquierda para llegar a una valla que cierra el camino a los coches. A su lado otros dos acueductos que se mantienen en pie.                              Salimos a una pequeña carretera que nos baja hasta atravesar el arco de un puente rehabilitado y allí, al girar a la derecha, atravesamos por debajo de un antiguo tramo del acueducto, también rehabilitado que nos interna en un estrecho sendero que transita en el margen izquierdo del río Vinalopó.
En este tramo el río describe un recodo y abundan en sus orillas un bosquete de taray o tamarix, y los carrizos.              A nuestra izquierda preside el rincón, vigilante, un antiguo molino hidráulico. Es una pena vivir de espaldas a la historia, tener un patrimonio tan rico olvidado, cayéndose piedra a piedra sin que nadie lo detenga.

Desde esta senda llegamos a una explanada enfrente del puente del Bimilenario, el cual atravesamos por debajo y descendemos hasta el sendero que enlazamos tomando rumbo al sur, hacia la izquierda, para llegar a la minipresa y al bonito embalse que se forma en ella.
Hay mucha gente que sube y baja, la ladera es el sitio de Elche que más adeptos tiene al paseo diario y el día cuenta con una buena temperatura. No llega a los 20º.
Solo nos queda avanzar superando por debajo los distintos puentes. Primero los del Valle trenzado, más adelante el del Ferrocarril. En nuestro lado izquierdo se ve perfectamente el Molí Real, de milagro rehabilitado y bien conservado.



Proseguimos atravesando por debajo el puente de Altamira, la Pasarela, el puente de Canalejas, y por último, el Puente de la Virgen. En su parte alta hay una imagen de Santa Teresa, la que lo preside.

Es una buena ruta, igual un poco excesivo el asfaltado, pero en su favor hay que decir que sin usar el coche, ni madrugar mucho, hemos coronado una sierra que no habíamos ascendido y hemos recordado paisajes que hace tiempo no habíamos visitado, entre ellos El Cau un lugar muy recomendable. Además, el rincón de los chopos ilicitanos (Populus euphratica = Populus illicitana) resulta entrañable. Es una especie de la familia de los chopos endémica del Este de Asia, pero introducida en estas latitudes y fuertemente arraigada en Elche. De hecho, su nombre científico así lo indica: Euphratica, alude a la región del río Éufrates, en el SO de Ásia. Se piensa que fue introducido por los musulmanes.

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